jueves, marzo 17, 2005

Delicatessen

Uno no puede ser jóven y esperar recibir un trato justo por parte de las dependientas de las carnicerías y de las charcuterías.

Imagino que es por la rúbrica "soy un pardillo comprando" que llevamos escrita en la cara. O igual es porqué, nuestra manera de pedir los productos, insegura, dubitativa, nos delata. Sea por lo que fuere, tu pides cien gramos de jamón y el último peso que ves en la balanza ronda los 150.
O pides queso de oferta y te ponen del más caro que tiene un descuento del 0,01% y que, por ese simple hecho, ya se considera "de oferta".
O pides que te deshuesen un pollo y lo más que le quitan es la etiqueta; y luego llegas a casa y no hay quien se coma un filete sin atragantarse.
O le pides amablemente a la oronda dependienta que te corte la pieza a filetes finos y para ahorrarse trabajo le pega tres tajos irregulares que hace que en vez de pollo, parezca que te estás comiendo una alpargata.
También puedes pedir que te asesoren sobre un tipo determinado de carne; y la sarta de mentiras que te sueltan es tal que si emprendieras acciones legales ningún juez dudaría en darte la razón.
Y, por supuesto, la dependienta con delantal manchado de sangre no duda un instante en ponerte el jamón con más grasa del escaparate. Y no se te ocurra preguntarle si te lo puede quitar porqué la respuesta es tajante: "no puedo, cariño, no me dejan. Si aún te llevases toda la pieza...".

Lo más triste de todo es que no nos damos cuenta. Y no nos damos cuenta porqué utilizan una técnica infalible de atontamiento mediante piropeo. Así, un tipo de apariencia vulgar como yo recibe contínuamente lindezas del tipo "¿qué más te pongo, guapo?" o "¿te lo hago en filetes, cariño?". Y ¿saben qué?, funciona. Saben que somos débiles y que ni nuestros más cercanos allegados suelen contentarnos con semejantes loas.

Amig@s, que digo amigos, herman@s del Círculo de l@s Defensores del Mundo Más Perfecto, ayudémonos mutuamente una vez más. Propongo que la próxima vez que seamos atendidos por uno de estos especímenes nos acerquemos al escaparate de las carnes y, con cara de curiosidad y desprecio, preguntemos: "¿No teneis panza de chalapán?, es que no lo veo por aquí." Con esta invención que puede ir variando cada nuevo día que vayamos a comprar, seguro que dejaremos la sensación de que somos expert@s en el tema y ya no nos intentarán dar gato por liebre. Por cierto, ahora que digo esto, nunca pidais liebre, por si acaso.

No hay comentarios: