"Pásate el jueves." le contesta el grasiento mecánico, enfundado en un mono azul que realza su figura, especialmente a la altura de su prominente barriga.
Y el cliente, como si la respuesta hubiera venido de su mejor amigo, anota mentalmente que puede pasar a recoger su coche el jueves.
Llegado el jueves, el cliente, con cara de "me he pasado cinco días viajando en transporte público" (ya saben, ese tipo de cara), se adentra en el taller buscando al mecánico y, al encontrarlo, le pregunta entusiasmado: "¿Que tal?, ¿lo tienes?". A lo que le responden: "Ahora mismo estoy con él, pásate el martes o así". Cabizbajo, el cliente sale del taller observando todos los coches y se da cuenta de que el suyo no está. Sigue fuera, donde lo aparcó el primer día. Ni está con él, ni le ha echado una miradita. De hecho, de no ser porqué se cree presa de una ira incontrolable, juraría que hasta que no le ha preguntado por él ni siquiera sabía que se lo había dejado para reparar.Porqué?, se pregunta uno. Porqué nos tratan así. Porqué nos hacen tener falsas esperanzas si saben perfectamente que su volumen de trabajo no les va a permitir cumplir sus plazos. Habitualmente uno escoge a su mecánico simplemente por la proximidad con su casa. Uno no tiene el mecánico a 2 kms. Así que no sé porqué tienen miedo de perder clientes dando plazos más razonables/creibles/cumplibles.
Más de una vez me ha ocurrido de volver la segunda vez, y que el mecánico me preguntase qué es lo que le pasaba! Claro, despues de una semana y media quin iba a acordarse!
Y luego, cuando ya te lo han reparado, que recuerden donde están las llaves. Porqué mi mecánico en particular las pone todas en una caja de habanos reciclada junto con las otras cuarenta llaves de otros cuarenta clientes.
Compañeros de la Sociedad para el Perfeccionamiento del Mundo, os llamo a combate. Propongo que, como medida represora, a partir de ahora, cada vez que nos digan la famosa frase, "ahora estoy con él, vuelve el martes que viene", nos pasemos por el mostrador, habitualmente desatendido, y metamos la mano en la caja de habanos o recipiente sustitutorio donde se encuentran las llaves de todos los vehículos que tiene en "depósito" en el taller. Escojamos la que lleve el llavero más elegante y llevémonos el coche que nos apetezca hasta el martes. Por un razonamiento lógico, uno puede pensar que si "está con nuestro coche" no puede estar por el de otro, verdad? Pues así ningún problema. Uno no tiene que embutirse en abarrotados vagones de metro durante esos horripilantes días de espera y, además, disfruta de la "novedad" de conducir otro coche.
Eso si, si llevais a cabo esta acción, tened mucho cuidado de no averiar el coche que os llevais porqué, de ser así, generaríamos una especie de bucle sin fin que no nos llevaría a ninguna parte.
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