miércoles, noviembre 09, 2005

El club de los poetas muertos

¿Porqué hay gente que se empeña en apuntarse a clubes de lectura para reforzar sus egos mientras aplastan los de l@s demás?

Recientemente me apunté a un club de lectura que tenía la particularidad de ser en inglés. Así, pensé, quitaré el óxido acumulado de mi inglés aprendido a base de analizar las letras de las canciones de Michael Bolton.

Fui a la primera sesión...y no volví jamás. Se nos había encargado leer un libro que, tras leerlo, me pareció un enorme tostón. Era un libro que, curiosamente, ya había leido anteriormente en castellano y, adivinen, también me pareció un tostón entonces.
Cuando la moderadora nos preguntó nuestra opinión, se me ocurrió lanzarme el primero en vista de que nadie parecía querer romper el hielo. En cuanto les confesé que no me había gustado en absoluto y que me parecía aburridísimo, la carga de la brigada ligera se hizo efectiva.
Tuve que escuchar de mis "compañer@s" dudas sobre mi intelecto, adjetivaciones sobre el estilo de vida de l@s jóvenes de mi edad y lo perjudicial a la hora de leer a los clásicos e incluso se empecinaron, entre otras cosas, en colgarme la etiqueta de lector de literatura "barata".
Pero lo mejor de todo vino al final, cuando un hombre de unos cincuenta años que se había pasado toda la sesión en silencio, aprovechó la última intervención de la tarde para sentenciar en el inglés más macarrónico que jamás escuché la siguiente frase:
"De most important cinc abaut dis book is nozing of guat yú ar seyin. De most important cinc is de musicaliti of de guords." . Y se quedó tan ancho.

Compadres de la Asociación para la mejora del mundo, uníos tod@s para deshacernos de estos individuos que aprovechan los púlpitos del pueblo para avergonzarnos a mayor gloria de su intelecto sublime. Propongo que, a partir de ahora, cuando un tipo nos vacile intelectualmente le dediquemos un ligero bostezo, como encubierto, de aquellos que se te escapan a veces ante interlocutores a l@s que no quieres decepcionar. Tal vez con sutileza ganemos esta batalla.

jueves, marzo 17, 2005

Delicatessen

Uno no puede ser jóven y esperar recibir un trato justo por parte de las dependientas de las carnicerías y de las charcuterías.

Imagino que es por la rúbrica "soy un pardillo comprando" que llevamos escrita en la cara. O igual es porqué, nuestra manera de pedir los productos, insegura, dubitativa, nos delata. Sea por lo que fuere, tu pides cien gramos de jamón y el último peso que ves en la balanza ronda los 150.
O pides queso de oferta y te ponen del más caro que tiene un descuento del 0,01% y que, por ese simple hecho, ya se considera "de oferta".
O pides que te deshuesen un pollo y lo más que le quitan es la etiqueta; y luego llegas a casa y no hay quien se coma un filete sin atragantarse.
O le pides amablemente a la oronda dependienta que te corte la pieza a filetes finos y para ahorrarse trabajo le pega tres tajos irregulares que hace que en vez de pollo, parezca que te estás comiendo una alpargata.
También puedes pedir que te asesoren sobre un tipo determinado de carne; y la sarta de mentiras que te sueltan es tal que si emprendieras acciones legales ningún juez dudaría en darte la razón.
Y, por supuesto, la dependienta con delantal manchado de sangre no duda un instante en ponerte el jamón con más grasa del escaparate. Y no se te ocurra preguntarle si te lo puede quitar porqué la respuesta es tajante: "no puedo, cariño, no me dejan. Si aún te llevases toda la pieza...".

Lo más triste de todo es que no nos damos cuenta. Y no nos damos cuenta porqué utilizan una técnica infalible de atontamiento mediante piropeo. Así, un tipo de apariencia vulgar como yo recibe contínuamente lindezas del tipo "¿qué más te pongo, guapo?" o "¿te lo hago en filetes, cariño?". Y ¿saben qué?, funciona. Saben que somos débiles y que ni nuestros más cercanos allegados suelen contentarnos con semejantes loas.

Amig@s, que digo amigos, herman@s del Círculo de l@s Defensores del Mundo Más Perfecto, ayudémonos mutuamente una vez más. Propongo que la próxima vez que seamos atendidos por uno de estos especímenes nos acerquemos al escaparate de las carnes y, con cara de curiosidad y desprecio, preguntemos: "¿No teneis panza de chalapán?, es que no lo veo por aquí." Con esta invención que puede ir variando cada nuevo día que vayamos a comprar, seguro que dejaremos la sensación de que somos expert@s en el tema y ya no nos intentarán dar gato por liebre. Por cierto, ahora que digo esto, nunca pidais liebre, por si acaso.

The fast and the furious

"¿Para cuándo me lo tendrás?", pregunta confiado el propietario de un averiadísimo utilitario a su mecánico de siempre.
"Pásate el jueves." le contesta el grasiento mecánico, enfundado en un mono azul que realza su figura, especialmente a la altura de su prominente barriga.
Y el cliente, como si la respuesta hubiera venido de su mejor amigo, anota mentalmente que puede pasar a recoger su coche el jueves.

Llegado el jueves, el cliente, con cara de "me he pasado cinco días viajando en transporte público" (ya saben, ese tipo de cara), se adentra en el taller buscando al mecánico y, al encontrarlo, le pregunta entusiasmado: "¿Que tal?, ¿lo tienes?". A lo que le responden: "Ahora mismo estoy con él, pásate el martes o así". Cabizbajo, el cliente sale del taller observando todos los coches y se da cuenta de que el suyo no está. Sigue fuera, donde lo aparcó el primer día. Ni está con él, ni le ha echado una miradita. De hecho, de no ser porqué se cree presa de una ira incontrolable, juraría que hasta que no le ha preguntado por él ni siquiera sabía que se lo había dejado para reparar.

Porqué?, se pregunta uno. Porqué nos tratan así. Porqué nos hacen tener falsas esperanzas si saben perfectamente que su volumen de trabajo no les va a permitir cumplir sus plazos. Habitualmente uno escoge a su mecánico simplemente por la proximidad con su casa. Uno no tiene el mecánico a 2 kms. Así que no sé porqué tienen miedo de perder clientes dando plazos más razonables/creibles/cumplibles.

Más de una vez me ha ocurrido de volver la segunda vez, y que el mecánico me preguntase qué es lo que le pasaba! Claro, despues de una semana y media quin iba a acordarse!

Y luego, cuando ya te lo han reparado, que recuerden donde están las llaves. Porqué mi mecánico en particular las pone todas en una caja de habanos reciclada junto con las otras cuarenta llaves de otros cuarenta clientes.

Compañeros de la Sociedad para el Perfeccionamiento del Mundo, os llamo a combate. Propongo que, como medida represora, a partir de ahora, cada vez que nos digan la famosa frase, "ahora estoy con él, vuelve el martes que viene", nos pasemos por el mostrador, habitualmente desatendido, y metamos la mano en la caja de habanos o recipiente sustitutorio donde se encuentran las llaves de todos los vehículos que tiene en "depósito" en el taller. Escojamos la que lleve el llavero más elegante y llevémonos el coche que nos apetezca hasta el martes. Por un razonamiento lógico, uno puede pensar que si "está con nuestro coche" no puede estar por el de otro, verdad? Pues así ningún problema. Uno no tiene que embutirse en abarrotados vagones de metro durante esos horripilantes días de espera y, además, disfruta de la "novedad" de conducir otro coche.
Eso si, si llevais a cabo esta acción, tened mucho cuidado de no averiar el coche que os llevais porqué, de ser así, generaríamos una especie de bucle sin fin que no nos llevaría a ninguna parte.