sábado, septiembre 25, 2004

Presunto inocente

Nos encontramos en la cola del "súper" después de haber dado rienda suelta a nuestros instintos consumistas pero justo antes de sentirnos culpables al ver el montante de nuestra compra. Siendo como es hora punta, las colas se multiplican a la voz de la famosa frase "pasen por esta caja guardando el órden" que la simpática cajera escupe por entre los labios manchados de chicle.

Y es entonces cuando nos damos cuenta. Justo a nuestra altura pero en la cola de al lado, una mujer misteriosa nos observa, nos espía. Es una de esas amas de casa cincuentonas que tan sufridamente aceptan el papel para el que la sociedad de su tiempo las contrató. No hay nada de malo en ella; nada excepto que está sometiendo a un severo escrutinio nuestra compra.

Sus ojos la delatan, no es una mirada perdida; es tremendamente fija y tiene esa ligera contracción que denota juicio severo. Con un sentido de la culpabilidad que Joseph K no lograría superar ni en una secuela hollywoodiense, procedemos a asegurarnos de que nuestra compra no es embarazosa...pero si que lo es.

En nuestro renqueante carrito se amontona las patatas fritas, los bizcochos, las cervezas, los refrescos, los helados y multitud de sobres de comida precocinada. No hay ni verduras ni comida sana ni nada que, en general, pudiera otorgarnos el beneficio de la duda.
Y no, definitivamente no; por mucho que nos esforcemos, nuestra impostada expresión de despreocupación no será interpretada como un "es que la comida sana la compro en otro lado". Somos culpables y ella lo sabe. Y por mucho que nos esforcemos en convencernos a nosotr@s mism@s que nuestra dieta no es tan despreciable como el carrito indica, nuestra querida compañera de cola (que por cierto avanza más rápido que la nuestra) ya ha sembrado en nuestro interior la semilla del desconcierto, de la desconfianza y del desasosiego más profundo.

Compañer@s de las hordas para un Mundo Mejor, unamos nuestros esfuerzos para asolar los supermercados y derivados de "escrutadores/as" sin piedad; libremos al mundo de individuos que enjuician nuestro estilo de vida con los multicolores argumentos que llenan nuestros carritos de la compra. Nuestro ataque debe ser por sorpresa, llevando siempre en nuestro carrito algún producto decididamente comprometedor como preservativos o vaselina. Antes de colocarnos en las colas, identifiquemos a l@s posibles "escrutadores/as" y depositemos acto seguido estos productos en su carrito de forma despreocupada. Así, cuando inicien su escrutinio podremos devolverles, desafiantes, una mirada hacia su propio carrito y observar, expectantes, su reacción al descubrir la inesperada carga adicional.

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